jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Nos sacarán estos presupuestos de la crisis?

Columna de Álvaro Anchuelo en ‘Cotizalia’.

Los altavoces de la verdad oficial han jaleado los recién aprobados Presupuestos Generales del Estado como “los de la salida de la crisis”. ¿Dicen, por una vez, la verdad? Tras años de repetir lo mismo, algún día acertarán. Por desgracia, no parece probable que vaya a ser éste, tampoco.

 

Por el lado del gasto, los presupuestos más bien parecen rendirse ante la crisis. Las partidas de gasto más directamente relacionadas con la actividad productiva y el supuesto cambio de modelo económico, de hecho, se reducen. Veamos los principales ejemplos. El gasto no financiero del Ministerio de Fomento se reduce un 34,6%, pasando de 7.615 a 4.930 millones. La inversión en infraestructuras se desploma un 31%. El gasto en I+D cae un 4%. El gasto en educación disminuye un 8%. El gasto del Ministerio de Industria reduce en 150 millones la promoción turística. La partida de gasto que sí aumenta es la del pago de intereses de la deuda pública: asciende ya a 27.421 millones (un 17% más que en 2010) y, junto a los 30.240 millones de las prestaciones y subsidios de desempleo, suponen casi la mitad de los 122.022 millones de gasto total (excluido el gasto de financiar las administraciones territoriales).

 

El efecto a corto plazo de las medidas adoptadas por el lado del gasto será contractivo. A más largo plazo, el prometido cambio hacia un modelo productivo más innovador, que nunca fue muy creíble, deja de financiarse. Esto supone una enmienda a la totalidad de la política previa de los gobiernos de Zapatero y, en consecuencia, la certificación de su rotundo fracaso.

 

Los presupuestos del 2011 ni siquiera van a servir para paliar los efectos de la crisis a la que nos condenan, dado que (en contra de lo que se afirma) también reducen la protección social. En esto, el ejemplo más espectacular es la caída del gasto en protección a los parados. Se prevé que disminuya un 1,5%, pero no por un menor paro, sino porque los parados existentes van agotando el período en el que tienen cobertura mediante prestaciones y subsidios. No se olvide, además, que estos presupuestos consolidan una serie de decisiones antisociales adoptadas anteriormente como la reducción salarial de los funcionarios en un 5%, la congelación de las pensiones y el recorte en un 5´2% del gasto en dependencia. Todo lo anterior contradice, de nuevo, la retórica mantenida por el gobierno actual desde el inicio de su mandato.

 

Son, por tanto, éstos unos Presupuestos que, por el lado del gasto, no nos van a ayudar a salir de la crisis, ni a transitar con más comodidad por ella. Pero, ¿tal vez sus bondades se oculten en el lado de los ingresos? Tampoco lo parece, pues en él se eluden los retos fundamentales. No se opta por luchar decididamente contra el fraude (al contrario, el presupuesto de la AEAT disminuye). Teniendo en cuenta que la economía sumergida supone entre el 20 y el 25% del PIB español, esto constituye un claro error. Las cantidades que podrían recaudarse son muy significativas. Lo mismo puede decirse de la ausencia de una reforma fiscal a fondo, que evite que la carga recaiga tan desproporcionadamente como hoy sobre las rentas del trabajo dependiente. Así, sin reforma fiscal ni lucha contra el fraude, se opta por exigir más a los que ya pagan.

 

Las subidas recientes del IRPF (al eliminar la deducción de 400 euros, incrementar el tipo de gravamen del ahorro y suprimir los 2.500 euros del “cheque bebé”), el IVA (que subió en julio) y los impuestos especiales se consolidan en el presupuesto. Además, se les añaden otras, entre las que destacan la creación de dos nuevos tramos en el IRPF (desde 120.000 euros con un tipo marginal del 44% y a partir de 175.000 con el 45%) o la subida del IRPF por no actualizar con la inflación los mínimos personales y familiares (una de las maneras más regresivas de subir este impuesto).

 

Esta subida de impuestos contribuirá a desacelerar aún más la demanda agregada. Como en el lado del gasto, también en el de los ingresos nos encontramos con un giro de 180º respecto a todo el discurso gubernamental previo. Éste predicaba la reducción de tramos y la simplificación del IRPF (por no hablar ya del tipo único, con el que el PSOE se presentó a las elecciones del 2004).

 

Tanto estos giros no explicados, como la forma de ejecutarlos, improvisada y llena de rectificaciones, generan desconfianza, es decir, lo contrario de lo que necesita la economía española. El temor a futuras subidas de impuestos no precisadas, en vista del tamaño del déficit público y de la deuda pública acumulada, provoca incertidumbres adicionales.

 

En realidad, el único sentido de los presupuestos presentados es tranquilizar a los acreedores internacionales que han comprado, y necesitamos que sigan comprando, cantidades masivas de deuda pública española. Para ello, se procede a un recorte antisocial del gasto y a subidas de impuestos, que perjudicarán a corto plazo la recuperación económica. Pero, si el gobierno se ve forzado a realizar ahora recortes, todavía en mitad de la crisis, es por culpa suya. La situación límite a la que han llegado las finanzas públicas en España se debe, en gran medida, a las costosas e ineficientes medidas que ha aplicado discrecionalmente. Tras llevar a la economía española al borde del abismo, obligando a nuestros socios europeos a rescatarnos mediante la creación de un Fondo y mediante la intervención del BCE, ahora se ve forzado a recortar bruscamente. La necesidad se acrecienta porque el peligro de crisis recurrentes (que podrían desencadenarse por efectos contagio de los problemas en Grecia o Irlanda) ha disminuido, pero no desaparecido. No obstante, nadie le ha obligado a negar la gravedad de la crisis durante años, hasta llegar a este extremo, ni le ha dicho qué partidas concretas de gastos o ingresos debían ajustarse. Todo eso es responsabilidad únicamente de nuestros actuales gobernantes.

martes, 9 de noviembre de 2010

Cobardía absoluta

Muy buenas.

Vaya por delante decir que, tal como expongo en las ‘aclaraciones’, paso de la Iglesia y de sus soflamas; es un club al que no me apetece pertenecer porque estoy en desacuerdo con muchas de sus reglas.

Vaya por delante también que no le tengo absolutamente ninguna simpatía al Papa; a ninguno, pero el actual me cae especialmente mal. No sé si será por esa cara de malo que tiene o qué, pero no lo trago; menos aún que a los anteriores.

Pero todo esto no es motivo para que me parezca correcto lo que ha hecho el impresentable gañán este fin de semana durante la visita del Papa a nuestro país. Conste que soy el primero en fastidiarse por dicha visita, y que si por mí fuese podría irse a visitar a su abuela… pero una vez que está aquí, la obligación de nuestro presidente (con minúscula) del (des)Gobierno es recibirlo.

¡Pero no! El inmundo personajillo se largó a la otra parte del mundo, a Afganistán, en una visita relámpago a las tropas que pilló a todos por sorpresa. Sí, a esas mismas tropas que no están en una guerra sino en una war (sic), en un nauseabundo alarde de retorcimiento del lenguaje (que ya hemos tratado en este blog) para evitar llamar a las cosas por su nombre.

Bien que corrió raudo el inmundo personaje a la llamada de Obama para orar en el famoso desayuno. En esa ocasión, en que podría haber declinado amablemente la invitación apelando a su reconocido ateísmo, no quiso perderse la ocasión de hacerse la foto personal junto a su idolatrado Obama.

Pero en la ocasión de la visita del Papa sí nos ha dejado como país a la altura del betún. En su habitual cobardía, prefirió poner pies en polvorosa antes que enfrentarse a las críticas del Papa a su política. ¡Ojo! En mi opinión, Estado e Iglesia deben distanciarse cuanto más mejor, pero hay que ser valiente para defender dicha postura frente a quien sea, incluido el Papa.

Pero no, como en tantas otras cuestiones, nuestro Gran Timonel prefirió la técnica del avestruz: esconder la cabeza y mirar para otro lado. Igualito que su fuga a Doñana tras el bombazo de la T4, igual que su espantada en Rodiezmo… Siempre igual.

Además de traidor y embustero, cobarde.

sábado, 30 de octubre de 2010

Cuanto peor, mejor

Hola amigos.

Hoy voy a contar una anécdota que me ocurrió hace unos días y la reflexión que hice a continuación.

Resulta que me enteré de la crisis de (des)Gobierno a través de un amigo que esa mañana me envió un SMS con el siguiente contenido:

Hoy por primera vez empieza a preocuparme la situación política de este país: Pajín es ministra de sanidad, nada menos. No andan un poco perdidos?

Resulta también que considero a este amigo una persona educada, culta y con conocimientos muy por encima de la media en cuanto a política, economía y ciencias sociales en general y que se preocupa por estar informado en temas políticos y económicos.

Me parece muy preocupante pensar que personas con sentido crítico y lucidez puedan tener un concepto tergiversado de la realidad política de este país a pesar de la que está cayendo; por ello, me preocupaba especialmente que, cada vez que hablábamos del mamarracho de la Moncloa, mi amigo comentase que no le parecía que estuviera la cosa tan mal como yo la pintaba… ¡hasta ahora!

Resulta, por tanto, que los últimos bandazos dados por el nauseabundo ser que habita la Moncloa puede que hayan servido para, al fin, abrir los ojos de algunos ciudadanos que aún albergaban algún hilo de esperanza sobre el felón, traidor y ruin Zapatero.

Y de ahí viene el título de este artículo: dado que ya he perdido la esperanza de ver a semejante indeseable desalojado de la Moncloa antes de 2012 tras haber alquilado un año más su estancia a precio de oro al PNV (espero que algún día tenga que responder penalmente por haber vendido el Estado y la nación a los nacionalistas que pretenden destruirla), al menos me consuelo con la esperanza de que, cuanto peor lo haga en estos meses que aún le quedan, más ciudadanos serán conscientes de la realidad y negarán su voto al partido que más daño ha hecho a este país en toda la historia de la Democracia… y parte de la prehistoria.

Así que me permito recordarles las opciones: voto en blanco, votar a otro, no votar… cualquier cosa antes que dar el voto al P (ex-PSOE, que como ya he dicho otras veces ni es socialista, ni es obrero y ni muchísimo menos es español), el partido que ha mantenido en el poder a este sinvergüenza a costa de la ruina de España y una gran parte de los españoles.

Buenas tardes.

martes, 12 de octubre de 2010

La mala calidad de nuestros políticos

Buenas a todos.

Hoy no soy yo quien escribe la parrafada, sino que les copio un artículo que me ha parecido muy conveniente, dado el tema de que trata este blog. Juan Manuel Blanco (profesor de Análisis Económico de la Universidad de Valencia) disecciona las causas de que en España tengamos la clase de políticos que tenemos, tan mediocres, tan cortos de miras y tan afanosos de mantenerse en el poder a costa de lo que sea.

Y a la cabeza de todo esto, nuestro infame gañán, Zapatero, el político más mediocre, más felón y más calamitoso de cuantos hemos conocido en democracia... y parte de la "prehistoria". No me extrañaría que el artículo lo hubiese escrito el autor teniendo a semejante ser, ruin, vil y despreciable, en sus pensamientos.

¿Es casual la mala calidad de nuestros políticos?
Juan Manuel Blanco

No resulta difícil percibir que la calidad de los dirigentes políticos en España ha sufrido un deterioro lento, pero intenso, durante las últimas décadas. “Cada país tiene los gobernantes que merece”, afirman algunos, señalando a los ciudadanos como responsables últimos del espectáculo tan poco edificante que ofrece nuestra clase política. Serían los votantes quienes, de forma deliberada y contumaz, encomendarían la responsabilidad de una gestión pública, cada vez más compleja, a unos líderes poco capaces, de honradez dudosa o inclinados a favorecer sus propios intereses.

Sin embargo, la escasa cualificación de los dirigentes no suele deberse a una supuesta ceguera o ignorancia de los votantes sino a un inadecuado diseño de algunos aspectos del sistema político. El voto es necesario para garantizar buenos gobiernos, pero resulta insuficiente si los incentivos para dedicarse a la política no son los correctos, los mecanismos de selección de los líderes son perversos y los electores no pueden discriminar con su voto las cualidades de cada candidato. Y, en España, estos procesos de selección e incentivos son manifiestamente mejorables, dando lugar a una peculiar ley de Gresham: los malos políticos tienden a expulsar de la circulación a los buenos.

La selección de los políticos

Es posible clasificar en tres categorías los atractivos que ejerce la actividad política sobre los sujetos: el salario, los ingresos poco justificables y las ganancias psicológicas (fama, prestigio, poder, posibilidad de servir al país, etc…) ¿Cómo afectan estos elementos a los distintos tipos de individuos? La dedicación a la política supone una importante pérdida salarial para las personas altamente cualificadas pero, con mucha frecuencia, una sustancial ganancia neta para los poco formados. También, por razones obvias, la actividad pública puede proporcionar unos enormes ingresos, pero sólo a los sujetos con una honradez mejorable. Por tanto, para las personas de acreditada valía y contrastada integridad, la política tan sólo ejerce el atractivo del prestigio y la satisfacción de servir a los ciudadanos, a costa de una pérdida material. Y, dado que este prestigio, se va reduciendo según se generalizan los políticos ignorantes o corruptos, la proclividad de los individuos honrados y profesionalmente competentes a dedicarse a la actividad pública no sólo es pequeña, sino que disminuye paulatinamente, lo que contribuye a una progresiva degradación de la clase política.

Los partidos realizan una segunda selección asignando cargos y puestos entre sus afiliados. La propia estructura de las formaciones, y el sistema de listas cerradas, conducen a que los criterios para obtener un puesto o ser incluido en una lista electoral no sean necesariamente la valía personal o profesional, sino otros como la lealtad al líder. El político individual se convierte, así, en un engranaje de la maquinaria del partido y puede permanecer años en un parlamento o en un ayuntamiento, callado, aplaudiendo al propio y abucheando al contrario (con independencia de lo que diga cada uno), limitándose a votar lo que diga el jefe de grupo. Es muy difícil que una mente independiente, íntegra, con criterio propio y altitud de miras pueda soportar mucho tiempo algo así. Además, la enorme proliferación de cargos de libre designación en las diversas administraciones crea un efecto llamada a personas con características negativas, pues perciben que, tarde o temprano, conseguirán alguno de los puestos. Por otro lado, la opacidad y las prácticas heterodoxas en la financiación de los partidos permiten a los corruptos pasar más desapercibidos en un ambiente de río revuelto.

En algunos países, el parlamento debe ratificar los cargos nombrados por el ejecutivo, ejerciendo un control de calidad efectivo cuando existe una verdadera separación de poderes. En España, la disciplina de voto de los diputados impide que el parlamento pueda cumplir, en la práctica, esta función: la ausencia de una auténtica separación de poderes juega también en contra de la calidad.

El mecanismo del voto puede permitir al ciudadano discriminar entre personas, eligiendo para representarle y gestionar lo público a aquellas que considera son más capaces y honradas, compensando así el fuerte atractivo que la política ejerce sobre individuos con perfiles dudosos. Por desgracia, en España el sistema de listas cerradas no permite al elector discriminar las cualidades de cada candidato individual ya que se ve obligado a votar un paquete elaborado por los partidos.

La única opción profesional

Todo este proceso contribuye a la creación de una casta de políticos profesionales, personas que, en palabras de Max Weber, no viven “para” sino “de” la política y difícilmente comparten valores, intereses y visión del mundo con los electores a los que, teóricamente, representan. Su inclinación por políticas absurdas o contraproducentes no sólo se debe a la ignorancia y el desconocimiento sino también a la necesidad de adoptar cualquier medida que favorezca su permanencia en el poder, ya que la ocupación de cargos públicos constituye su mejor (cuando no su única) opción profesional.

La banalización de la política, la repetición machacona de discursos huecos con frases pretendidamente ingeniosas, la primacía del corto plazo (o las meras ocurrencias) a la hora de tomar las decisiones o la preponderancia de la pura imagen sobre los argumentos y razonamientos, son algunas señales de la degradación a que nos lleva tan inadecuado diseño. Resulta una triste paradoja el hecho de tener unos puestos públicos muy mal remunerados para la responsabilidad que representan pero con un sueldo demasiado elevado para la competencia y actitud de muchas personas que los ocupan. Todavía quedan algunos políticos capaces y honrados, pero parecen constituir ya una especie en vías de extinción.

Es necesario revertir los incentivos y cambiar el sentido de la selección, reduciendo drásticamente el número de cargos políticos, mejorando la remuneración en los puestos de gran responsabilidad y estableciendo mecanismos que garanticen que los destinos sean ocupados por personas con una preparación y actitud adecuadas. Resulta imprescindible la ratificación de los nombramientos por un parlamento verdaderamente independiente (siguiendo el modelo de los EEUU), la generalización de elecciones primarias limpias dentro de los partidos y una reforma del sistema electoral, que obligue a los candidatos a someterse individualmente al escrutinio de los votantes y fomente la autonomía del político individual. Cierto, son cambios profundos, y alguno de ellos requeriría una reforma constitucional. Pero el esfuerzo nunca es excesivo cuando hay tanto por ganar en el terreno de lo material, en el plano de lo ético y, también mucho, en la esfera de lo estético.

sábado, 9 de octubre de 2010

Lo que nos cuestan los PGE

Muy buenas.

Cuando allá por Mayo el zarrapastroso inmundo que tenemos por presidente dijo aquello de “me cueste lo que me cueste”, se confundió. Debió de haber dicho “os cueste lo que os cueste”.

Sabiendo que su continuidad en la poltrona pasaba por sacar adelante los Presupuestos Generales, el indecente gañán no ha tenido miramientos en pagar todo lo que le han pedido desde el PNV para comprar los votos que le faltaban. Lo que más asco da de todo esto es que a los vendedores del voto no les importa que los presupuestos sean adecuados o no; lo importante es sacar la mayor tajada posible, aun a costa de apoyar unos presupuestos desastrosos; y aun a costa de mercadear con asuntos que nada tienen que ver con los presupuestos. En este momento yo me pregunto: ¿para cuándo una Ley que prohíba y castigue ejemplarmente tan repugnante mercadeo de votos?

Y es que mantener un año más el alquiler en el Palacio de la Moncloa va a costar un pico… Lo que pasa es que no lo paga el inquilino, sino todos los españoles. Más allá de lo gravísimo de los 472 millones de euros del traspaso de las políticas activas de empleo,que producirá grandes desigualdades entre los ciudadanos,  la cosa es mucho más grave.

Ante las reclamaciones nacionalistas (que llevaban ya más de 20 años con la misma cantinela), incluso desde el PSOE se ha defendido siempre que ese dinero era parte de la Caja Única de la Seguridad Social. Pues bien, por arte de birlibirloque, ahora se dice desde el PSOE que la cosa no es así, que ese dinero no forma parte de la Caja Única. ¡La necesidad manda! Pero el PNV sí conoce la importancia de ese dinero, ya que es el caballo de Troya que quiere utilizar el PNV para resquebrajar la Caja Única. Resumiendo: ¡el infame traidor ha roto la Caja Única a cambio de un año más de disfrutar el palacete!

Pero es que la desvergüenza ya es mayúscula cuando resulta que el infame traidor ha pactado con el partido que está en la oposición en la Comunidad en la que el Gobierno autonómico es de su mismo partido. Ha “puenteado” a su compañero Patxi López y ha pactado con la oposición del PNV. Asistimos, por tanto, a una nueva bajada de pantalones del infame traidor; al ridículo espantoso en que ha quedado Patxi López y su gobierno; a la sensación de que “quien manda” en el País Vasco es el PNV; al dinero que ha costado a las arcas públicas este nuevo enjuague de Zapatero y sus socios nacionalistas; a la tropelía cometida contra el principio constitucional de igualdad de todos los españoles. Todo esto es lo que tenemos con Zapatero.

Pero eso no es todo. De hecho, es casi lo menos grave si leemos lo que viene ahora. Tal como denuncia Rosa Díez en su blog, la traición máxima la han cometido contra las víctimas de ETA al dar al PNV la capacidad de pactar con ETA el fin de la banda de asesinos de una forma negociada, a modo de “empate y aquí no ha pasado nada”. Esto es lo que se negoció y no se quiso explicar, y que ha sentado muy mal en el (des)Gobierno que haya salido a la luz. Y por cierto, que me expliquen a mí qué tiene que ver este tema con los Presupuestos Generales; lo dicho: infame compra de votos a cambio de prebendas.

Así que ahí tenemos a Rubalcaba cediendo al chantaje con el visto bueno del inquilino de La Moncloa, ya que a éste lo único que le preocupa es permanecer dentro como sea. En el fondo, no debería extrañarnos dado el perfil del infame traidor, muy bien descrito por Carlos Martínez Gorriarán en su blog:

Un líder intelectualmente vacuo, profesionalmente ignorante, carente de principios y adaptable a cualquier fin que le permita conservar el poder, pero sobrado de fotogenia, simpatía, habilidad verbal consagrada al cultivo de la ambigüedad y al halago de lo que su público quiere oír, y buena percha para pasear trajes elegantes. Un producto de la combinación de estilismo, corrección política, frivolidad, populismo, técnicas de mercadotecnia y manuales de autoayuda. Este líder, que sustituye las ideas que no tiene por las encuestas que le orientan sobre lo que la mayoría quiere oír en cada caso, tiende a concentrar un poder omnímodo a base de deshacerse de posibles rivales y rodearse de mediocridades y mindundis tan ignaros o más que él, que le deben el puesto y dispuestos a lo que sea para conservarlo. El precio, naturalmente, es el deterioro paulatino de la política que protagonizan y un destrozo de las instituciones, de la convivencia y de las reglas de la democracia que cualquier ciudadano español actual con un mínimo sentido crítico e información comprende al instante: un desastre.

Este será el precio que pagaremos por “disfrutar” durante algunos meses más de los estertores del agónico y caótico gobierno del infame traidor. ¡Nunca algo que valía tan poco costó tan caro!

viernes, 24 de septiembre de 2010

Los modos (no modas) de De la Vega

Buenos días.

Una de las consecuencias de gobernar según las encuestas, tal y como hace el (des)gobierno que sufrimos, es que se está permanentemente pendiente de ellas y no de lo realmente importante. Eso puede terminar causando que, al cabo, cualquier sondeo decida la “política” (en el sentido más putrefacto del término) a seguir.

Y en éstas se hallan los mequetrefes infames de nuestro (des)gobierno, más pendientes de la imagen que del calado o utilidad de las medidas que adoptan. Ahí tienen, por ejemplo, el micrófono indiscreto pillando al infame traidor plegándose ante el dictadorzuelo de Marruecos en todo y diciendo “lo más importante es la foto” al verse con él. Lo importante es la foto, ahí es nada… no se puede condensar mejor ni en menos palabras la política seguida por este mequetrefe.

También se puede comprobar perfectamente en la última ocurrencia de la Junta de Andalucía, que ha decidido gastar la friolera de 180.000€ en indemnizar a andaluzas (sí, sólo mujeres) que fueron víctimas del franquismo (sí, sólo del bando republicano) con vejaciones tales como raparles la cabeza u obligarlas a tragar aceite de ricino… Que, verán ustedes, no es que tales vejaciones me parezcan bien, pero de ahí a que eso nos cueste un pastizal 70 años después de la guerra, con la que está cayendo…

En fin, fuegos artificiales de cara a la galería en un intento (bastante desesperado diría yo) de dar una imagen antifranquista y feminista, muy “de izquierdas” todo, y no perder aún más votos.

Y como no pueden vivir sin la encuesta y la imagen, pues qué mejor que hacer lo posible (y lo imposible) por cocinar éstas para lograr que sean lo más favorables posible. Y en esas han pillado a la famélica y mentirosa momia ‘de la Vogue’ (como la llamaron en el Frankfurter Allgemeine al repasar la cuadra de ‘muñequitas ZP’), intentando manipular el último sondeo del CIS para favorecer al impresentable gañán.

Para ello, presionó a la directora del CIS, Belén Barreiro, para que ésta modificase la fecha de realización del barómetro de intención de voto. Y como inicialmente la señora Barreiro se negó (aunque después se tragó el sapo), pues la dictadorzuela ‘de la Vogue’ se guardó el talante en el bolsillo de su chaqueta de firma y salieron a relucir sus verdaderas urdimbres: destitución fulminante de quien osó enfrentarse a sus arbitrariedades e injusticias.

Para terminar de redondear el asunto, y aprovechando que en este país mentir en el Parlamento no está penado ni siquiera con una dimisión forzada, se quedó a gusto la momia vestida de Armani al jalear voz en grito, y mintiendo, por supuesto, que las informaciones que apuntaban los motivos de la destitución “eran mentira” y que dicha destitución estaba previamente pactada con los demás grupos políticos, lo cual fue posteriormente desmentido por la oposición.

Estamos en manos de dictadores y analfabetos (o dictadores analfabetos), y muchos súbditos ni se dan cuenta de ello…

Por último, una reflexión a raíz de lo acontecido: si la variación en el momento de realizar la encuesta (antes o después del debate sobre el estado de la Nación) puede hacer que los españoles variemos nuestra percepción del verdadero desastre que el infame y felón Zapatero está resultando para nuestro país, es que realmente somos idiotas y, aunque me pese, habría de reconocer que tenemos lo que nos merecemos.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Manipulación lingüística… y más

Muy buenas a todos. Ya estamos de nuevo por aquí de vuelta del verano (o casi).

El inepto gañán se ha creído que somos tontos. Y la verdad es que muchos de los súbditos (ya que no parecen ciudadanos) de este país sí que lo son, o al menos unos ingenuos, empezando por todos aquellos que le votaron para reelegirlo en 2008 después del desastroso resultado de la legislatura anterior.

Y piensa que somos tontos porque cree que nos vamos a tragar los burdos malabarismos que hace con el lenguaje para intentar maquillar la realidad. Ya lo hizo al llamar “brusca desaceleración” a la mayor crisis de los últimos 40 años en España, y lo mismo hizo al llamar “aporte puntual de agua” al trasvase que se estaba estudiando para Cataluña (sí, ese que su amigo Carod rechazó reiteradamente para otras comunidades pero que pidió para Cataluña cuando vinieron mal dadas con la sequía, y del cual decía que había que destruir las infraestructuras construidas una vez realizado el “aporte puntual”).

Al igual que ahora desde el PSOE nos dicen, haciendo alarde de la cara de cemento que han fraguado durante estos años, que en Afganistán no hay guerra, sino una “war” (sería para reír si no fuese porque allí mueren nuestros soldados y guardias civiles). Pero es curioso que de allí no parece ser necesario sacar a los soldados a toda mecha, tal y como hizo en Irak dejando a España en el mayor de los ridículos frente a nuestros aliados internacionales… ¿Alguien puede explicarlo sin dejar con el culo al aire a nuestro vergonzoso (en el sentido de que causa vergüenza) presidente?

Pues no contento con todo eso, su última gilipollez la ha rebuznado en Oslo (mis disculpas para los burros, que son animales muy dignos, y mucho más si se les compara con el ZoPenco), donde, además de “descubrir gracias a la crisis que la formación y la innovación son fundamentales” (¡Diox, el inepto gañán no lo sabía antes!) el mequetrefe sin fronteras de quedó a gusto al decir que los desempleados que estén recibiendo formación no deben ser considerados parados porque están “trabajando para el país”.

Obviando el hecho de que una afirmación así es una auténtica bofetada en la cara a los parados, a los cuales se les pretende cambiar el nombre pero siguen igual de parados y angustiados, hay que temer la posibilidad de que esta sea una más de las maniobras del analfabeto mamarracho para eliminar de las listas del paro a 800.000 personas y así maquillar como sea las cifras del paro de la forma más burda y esperpéntica, y todo eso por no hablar de la buena organización e impecable asignación (entiéndase el tono irónico) de los recursos públicos a los cursos de formación...

ZpLinguae

En este caso, sería un tremendo engaño y un fraude inadmisible a los ciudadanos; una forma de reírse de nosotros en nuestra propia cara una vez más, lo cual por cierto no incomoda en absoluto a nuestro (des)Gobierno, ya que están plenamente acostumbrados a ello: ya ganaron las elecciones de 2008 con el ínclito Solbes mintiendo descaradamente frente a todos los españoles en el cara a cara que mantuvo con Pizarro acerca de la economía del país; ya mintieron sobre la negociación con ETA; ya mintieron sobre la crisis… y así hasta el infinito y más allá.

Qué lejanas quedan las palabras de Rubalcaba en los días posteriores a los atentados del 11-M diciendo aquello de que los españoles merecen un Gobierno que no les mienta… ¿Dónde ha quedado esa idea? Porque más mentirosos que ellos, que el PSOE, ¡más que ellos nadie!

Pero  aunque intenten engañar a los ciudadanos, a quienes no podrán engañar con semejantes tretas es a los diferentes organismos internacionales como el FMI, la UE o la OCDE, algo que sería muy grave porque, recordémoslo, la confianza es la piedra angular de la economía, y sólo faltaba que perdiéramos la poca confianza que nos queda porque al indecente mentiroso le diese por cocinar también las cifras de paro… aún más de lo que ya lo hace.

Este es el talante del indigno personaje que nos (des)gobierna, ¡que se sepa!

Buenas tardes.

PD: Un especial saludo a una nueva lectora (espero que por mucho tiempo). Este artículo se lo dedico porque, además, es filóloga ;-)